"El sentido entonces es apariencia,
buscar el sentido
con el único remedio de una promesa,
una promesa de sentido.
Y no es que no lo encuentre,
busca y encuentra,
encuentra el misterio del ser que habla,
renovándose
a cada instante
con promesas incumplidas"
El saber-hacer del poeta y su articulación con el psicoanálisis es el punto de partida que tomaremos este año. En el seminario XX, Lacan interroga la sexualidad femenina. El goce femenino como aquello que escapa del discurso, guarda una relación con lo inconsciente. ¿Cuál es esa relación? ¿Por qué Lacan situará al goce fálico como aquel "que es necesario que no"? ¿Cuál es la diferencia entre plusvalía y plus-de-gozar?
La existencia del inconsciente es un efecto de que no hay relación sexual. ¿Cuál es el alcance de esta definición? La no correspondencia entre los sexos, por efecto del significante, rompe con toda posibilidad de complementariedad y es esto justamente lo que abre la posibilidad del encuentro amoroso. "Dar lo que no se tiene a alguien que no lo es": esta definición que hace Lacan del amor representa un límite a la complementariedad. El obstáculo que representa la suplencia a la formación del "uno" de la fusión es lo que hace posible un plus de goce.
La poesía sería el lugar reservado a lo imposible. La poesía es un decir de lo imposible de ser dicho. El poeta mediante su acto da cuenta de que fue causado. Se vale de su falta.
Se presentan una serie de conceptos que en su articulación nos permitirán acercarnos a cuál es el aporte que puede hacer el psicoanálisis a los problemas que aún nos plantea la modernidad.
El capitalismo globalizado sumado al predominio de la tecnociencia introduce la cuestión de los sistemas totalizadores, que tienden a forcluir al sujeto.
En todo lazo social se pone en evidencia necesariamente lo imposible como dimensión propia del sujeto deseante. El deseo inconsciente implica un sujeto, en el chiste, en el lapsus, en el olvido, en el sueño, en el síntoma. La interpretación psicoanalítica opera por el equívoco, algo que en el significante resuena en un decir a medias. El psicoanálisis invoca ese decir a medias, lo causa.
Freud sostiene que el artificio del poeta se destaca por lograr que algo que podría resultar displacentero resulte placentero. Ubica en ese hacer enigmático una formalización del goce que desemboca en la modificación de la pulsión.
Los hechos para el psicoanálisis son en tanto dichos. El juego de los niños y el poetizar nos recuerdan el carácter de ficción de los hechos.
Eleonora D'Alvia
Juan Eugenio Rodríguez
Abril 2010
http://www.fuegos-delsur.com.ar/
y eso que parece olvidado, el revelarse contra lo cotidiano, lo que siempre fue así y tener memoria para recordarlo.
viernes, 30 de abril de 2010
La rosa que no nació
Tan hermosa…
Impetuosa en mi jardín,
deseada…
En capullo seco su tallo marchito.
Aromas perdidos, encantos,
pasiones,
dulzura…
Acarícialos no pude
suave terciopelo rojo.
Marchitado el amor…
tuvo miedo de nacer,
privada del mundo.
Dolor jardinero,
quite su tallo,
¡Dolor inmundo de saberla mía!
nacerán nuevas,
como ella ninguna.
Hojas y tallos en un libro de amor,
te guardaré.
En mis días tristes,
lo abriré y la miraré,
a la que no pudo ser,
y será por siempre,
solo eso…
mi rosa marchita.
Víctor Hugo Ibáñez
Impetuosa en mi jardín,
deseada…
En capullo seco su tallo marchito.
Aromas perdidos, encantos,
pasiones,
dulzura…
Acarícialos no pude
suave terciopelo rojo.
Marchitado el amor…
tuvo miedo de nacer,
privada del mundo.
Dolor jardinero,
quite su tallo,
¡Dolor inmundo de saberla mía!
nacerán nuevas,
como ella ninguna.
Hojas y tallos en un libro de amor,
te guardaré.
En mis días tristes,
lo abriré y la miraré,
a la que no pudo ser,
y será por siempre,
solo eso…
mi rosa marchita.
Víctor Hugo Ibáñez
Guerrera del deseo
Examino tu figura, cicatrices del recuerdo,
caminos aprendidos, a fuerza de vivirlos.
Te conozco en mi, imperfecta.
Belleza natural que lo puede todo.
Tu mirada me dice,
que luchas por placer,
al jugarte frente al abismo.
Sabia espada
esgrimes con avidez,
de tus luchas habla.
La pincelada desnuda al pintor.
Dichoso me siento,
Invitado a jugar el mortal juego,
de morirme en cada instante,
con la gracia de quedar vivo.
Mis respetos, a vos.
Mi espada también esgrimo,
de júbilo me llena,
encontrarte en mi camino.
Soy guerrero y a la muerte no le temo.
Es por esto que deseo
morirme entre tus brazos,
Habida mujer,
Que conservas el fulgor,
Después de tanto camino.
Víctor Hugo Ibáñez
caminos aprendidos, a fuerza de vivirlos.
Te conozco en mi, imperfecta.
Belleza natural que lo puede todo.
Tu mirada me dice,
que luchas por placer,
al jugarte frente al abismo.
Sabia espada
esgrimes con avidez,
de tus luchas habla.
La pincelada desnuda al pintor.
Dichoso me siento,
Invitado a jugar el mortal juego,
de morirme en cada instante,
con la gracia de quedar vivo.
Mis respetos, a vos.
Mi espada también esgrimo,
de júbilo me llena,
encontrarte en mi camino.
Soy guerrero y a la muerte no le temo.
Es por esto que deseo
morirme entre tus brazos,
Habida mujer,
Que conservas el fulgor,
Después de tanto camino.
Víctor Hugo Ibáñez
Hijo
Gota de arrabio que surge de mis ojos,
cansado de no poder llorar.
Eterna lucha entre la madre y la vida.
¿Cuan difícil es vivir en este mundo?
Mis ojos no tienen descanso,
por mi vástago en silencio,
por el ausente confeso a mi,
progenitor atado entre los pies y las manos.
Yugo segador,
siendo más antiguo que mi tiempo
y los tiempos de los tiempos,
destello perdido sin fulgor.
¿Cuál es la fórmula que devela ese manto,
de nada, de posesión total?
Ruidos, ruidos… tanto ruido en los pesados días
turban mi escucha en el decir
que da silencio, ha tan fuerte llamado.
Murmullo pequeño y sutil,
guarda con cerrojo la verdad,
oído traicionero acallado,
quizá para cuidarme
o para darme más
de esto mismo que tengo,
desde antes de mi.
Incrédula virtud de tener cinco sentidos,
que en vano se tiene
si se niegan los ojos verdaderos,
los oídos de escucha
y el tacto.
Del suave rose
que se extraña.
Víctor Hugo Ibáñez
cansado de no poder llorar.
Eterna lucha entre la madre y la vida.
¿Cuan difícil es vivir en este mundo?
Mis ojos no tienen descanso,
por mi vástago en silencio,
por el ausente confeso a mi,
progenitor atado entre los pies y las manos.
Yugo segador,
siendo más antiguo que mi tiempo
y los tiempos de los tiempos,
destello perdido sin fulgor.
¿Cuál es la fórmula que devela ese manto,
de nada, de posesión total?
Ruidos, ruidos… tanto ruido en los pesados días
turban mi escucha en el decir
que da silencio, ha tan fuerte llamado.
Murmullo pequeño y sutil,
guarda con cerrojo la verdad,
oído traicionero acallado,
quizá para cuidarme
o para darme más
de esto mismo que tengo,
desde antes de mi.
Incrédula virtud de tener cinco sentidos,
que en vano se tiene
si se niegan los ojos verdaderos,
los oídos de escucha
y el tacto.
Del suave rose
que se extraña.
Víctor Hugo Ibáñez
El vacío ocupado
Encantadora libélula, que te bates libre por el viento,
Absortos mis ojos, se posaron en los tuyos
y me veo en tus reflejos.
¡Que placer en verme cerca tuyo!
No existe en mi vida noche o día, luz o sombra,
solo el reflejo de tu verde luz.
Tocarte es mi deseo,
¡Cuanto quema tu tersura...!
Surcos ondulantes de tu cuerpo me subyugan.
No conozco distancias, no conozco de límites.
No hay lugar en mi mente, para acallar…
¿Cómo se apaga tanta ternura?
Ceguera primera a tanto desamor
Lógica maldita que me engaña,
que me dice que el vacío se llena con vida.
¡Son todas mentiras!
Yo he visto como el vacío está lleno de nada.
Y me quede solo, desplazado, vacío…
A veces la nada es todo y todo es nada.
Solo a vos, mí amor…
te puede llenar, la nada…
Víctor Hugo Ibáñez
Absortos mis ojos, se posaron en los tuyos
y me veo en tus reflejos.
¡Que placer en verme cerca tuyo!
No existe en mi vida noche o día, luz o sombra,
solo el reflejo de tu verde luz.
Tocarte es mi deseo,
¡Cuanto quema tu tersura...!
Surcos ondulantes de tu cuerpo me subyugan.
No conozco distancias, no conozco de límites.
No hay lugar en mi mente, para acallar…
¿Cómo se apaga tanta ternura?
Ceguera primera a tanto desamor
Lógica maldita que me engaña,
que me dice que el vacío se llena con vida.
¡Son todas mentiras!
Yo he visto como el vacío está lleno de nada.
Y me quede solo, desplazado, vacío…
A veces la nada es todo y todo es nada.
Solo a vos, mí amor…
te puede llenar, la nada…
Víctor Hugo Ibáñez
Decisiones de un indeciso
Difícil decisión…
La de hacer lo inesperado.
Aceptar…no solo pasa por saberlo,
Dolido agotado incierto y todo lo demás.
Todavía pienso lo que sería…
Lo sentimental, lo dilemático,
la invasiva duda, la culpa y el tirano error.
¿Me podrá salvar el día a día…?
La quietud y el retroceso, es la muerte.
Descubro otros caminos…
Espero tener valor
de enfrentar lo que me jode.
No soy el que fui
Pero…si me ocupo,
de lo realmente importante....
Víctor Hugo Ibáñez
La de hacer lo inesperado.
Aceptar…no solo pasa por saberlo,
Dolido agotado incierto y todo lo demás.
Todavía pienso lo que sería…
Lo sentimental, lo dilemático,
la invasiva duda, la culpa y el tirano error.
¿Me podrá salvar el día a día…?
La quietud y el retroceso, es la muerte.
Descubro otros caminos…
Espero tener valor
de enfrentar lo que me jode.
No soy el que fui
Pero…si me ocupo,
de lo realmente importante....
Víctor Hugo Ibáñez
Cuando miras
¿Como evitar esa luz…?
Que ilumina cuando pasas,
jade verde, me atrapa y me subyuga.
¿Cómo evitarte…?
Cuando un pobre caminante
sugiere ¡que no mires…!
para no caer en el embrujo de tus ojos.
Atrofia en mis oídos, no escuchan…
y me vi en ellos, más allá,
supe de tú ser escondido.
Una gema preciosa,
aún más bella que la que luces en lo alto.
Como no escuchar, esos gritos desgarrados,
clamando atención del que no oye
y que cuenta los días y no descubre su alma.
Voraz, aguerrida, pujante, arto agotada,
llena de agobio y cansancio.
Todo no alcanza…
Despierta león dormido
que ruges en silencio.
Quiero navegar por tus curvas
y encontrar el camino,
hacia tu ser más divino,
el que no se ve,
el que me permitiste conocer,
en el descuido de una tarde,
Cuando bajo tú mirada a trasluz,,
te vi, Cuando miras…
Víctor Hugo Ibáñez
Que ilumina cuando pasas,
jade verde, me atrapa y me subyuga.
¿Cómo evitarte…?
Cuando un pobre caminante
sugiere ¡que no mires…!
para no caer en el embrujo de tus ojos.
Atrofia en mis oídos, no escuchan…
y me vi en ellos, más allá,
supe de tú ser escondido.
Una gema preciosa,
aún más bella que la que luces en lo alto.
Como no escuchar, esos gritos desgarrados,
clamando atención del que no oye
y que cuenta los días y no descubre su alma.
Voraz, aguerrida, pujante, arto agotada,
llena de agobio y cansancio.
Todo no alcanza…
Despierta león dormido
que ruges en silencio.
Quiero navegar por tus curvas
y encontrar el camino,
hacia tu ser más divino,
el que no se ve,
el que me permitiste conocer,
en el descuido de una tarde,
Cuando bajo tú mirada a trasluz,,
te vi, Cuando miras…
Víctor Hugo Ibáñez
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