Golpea, golpea, golpea
Golpea la madre
En el cuello
Al niño golpea.
Golpea, golpea, golpea
Y de a poco al niño
Le queda grabado,
En el cuerpo,
Lo que la madre no diera.
Golpea la madre,
Sin saber lo golpea,
Que el niño siente
En los golpes,
Que no esta,
quien desea.
Golpea, golpea, golpea
Golpea sin si quiera
Saberlo,
Que es a mí,
A quien golpea.
Víctor Hugo Ibáñez
Orán (Salta) 1966
y eso que parece olvidado, el revelarse contra lo cotidiano, lo que siempre fue así y tener memoria para recordarlo.
domingo, 17 de octubre de 2010
lunes, 4 de octubre de 2010
Sin ti
¿Por qué me a trae…?
¿Por qué pongo el cuello,
donde me lo van a cortar?
Ese susurro, ese timbre
Repulsa que me llama
in-evitable.
El sin-tong del recuerdo,
Como cigarro en mi boca,
que me sabe a nada.
Víctor Hugo Ibáñez
Orán ( Salta ) 1966
¿Por qué pongo el cuello,
donde me lo van a cortar?
Ese susurro, ese timbre
Repulsa que me llama
in-evitable.
El sin-tong del recuerdo,
Como cigarro en mi boca,
que me sabe a nada.
Víctor Hugo Ibáñez
Orán ( Salta ) 1966
martes, 28 de septiembre de 2010
enigma
¿Esa mirada?
¿Esas piernas?
¿Esa boca?
¿Esa palabra?
¿Ese andar…?
¿Eso es…?
Nada se, de eso que creo saber.
Me angustia y me apasiona
ese no entender,
en lo más mínimo de que se trata.
Más me gusta y caigo, cuando menos se.
Decir enigma, es decir mujer
y decir mujer, es decir…
De los intersticios del decir,
me sabe a poesía.
Decir, mujer-poesía-enigma
algo pierdo de mi.
Víctor Hugo Ibáñez
¿Esas piernas?
¿Esa boca?
¿Esa palabra?
¿Ese andar…?
¿Eso es…?
Nada se, de eso que creo saber.
Me angustia y me apasiona
ese no entender,
en lo más mínimo de que se trata.
Más me gusta y caigo, cuando menos se.
Decir enigma, es decir mujer
y decir mujer, es decir…
De los intersticios del decir,
me sabe a poesía.
Decir, mujer-poesía-enigma
algo pierdo de mi.
Víctor Hugo Ibáñez
lunes, 27 de septiembre de 2010
Olvido
Dos capullos...
¿Cómo…?
Su tallo puede olvidar, singular acto
¿Cómo puede...?
Aún pendientes de su tronco.
Raíz, me retuerzo
en gemidos desnudo de piel,
sobre barro seco.
Lágrimas que fluyen
Apacigüen el dolor,
de no poder tocarme.
Víctor Hugo Ibáñez
Orán ( Salta ) 1966
¿Cómo…?
Su tallo puede olvidar, singular acto
¿Cómo puede...?
Aún pendientes de su tronco.
Raíz, me retuerzo
en gemidos desnudo de piel,
sobre barro seco.
Lágrimas que fluyen
Apacigüen el dolor,
de no poder tocarme.
Víctor Hugo Ibáñez
Orán ( Salta ) 1966
Antígona
En tus ojos me veo,
se hiela mi sangre,
también la vida…
Los tigres pisan la razón,
no todo es negrura…
Si estando muerta, revives…
Te leo amada,
dibujo en el aire tu rostro,
me irradias ternura.
¿Qué es la vida?
Preservado ¿Estoy vivo…?
lo anómalo y la costumbre me niegan.
no me dejes caer en Ismene,
convoco al acto sin rehusar.
Que mis ojos sean atentos,
que mis manos no tiemblen,
que mi boca no calle…
Cansado estoy, de no andar…
Dame tus piernas,
dame tus labios y su sonido,
dame tus ojos y tu mirada.
¿Dónde estás, que no puedo verte…?
¡Por qué te la llevaste, Pachamama?
¡Llevátelo a Creontes…! Dejalo en tu útero.
Goce maldito de costumbre.
Con mi mano, quito el velo de mis ojos
y mi boca seca de no poder, te grito,
¡Pacha no me lleves…!
¡Vomitame…! con vómito de Antígona
y regá la tierra de parlantes sin refreno.
Víctor Hugo Ibáñez (1966)
se hiela mi sangre,
también la vida…
Los tigres pisan la razón,
no todo es negrura…
Si estando muerta, revives…
Te leo amada,
dibujo en el aire tu rostro,
me irradias ternura.
¿Qué es la vida?
Preservado ¿Estoy vivo…?
lo anómalo y la costumbre me niegan.
no me dejes caer en Ismene,
convoco al acto sin rehusar.
Que mis ojos sean atentos,
que mis manos no tiemblen,
que mi boca no calle…
Cansado estoy, de no andar…
Dame tus piernas,
dame tus labios y su sonido,
dame tus ojos y tu mirada.
¿Dónde estás, que no puedo verte…?
¡Por qué te la llevaste, Pachamama?
¡Llevátelo a Creontes…! Dejalo en tu útero.
Goce maldito de costumbre.
Con mi mano, quito el velo de mis ojos
y mi boca seca de no poder, te grito,
¡Pacha no me lleves…!
¡Vomitame…! con vómito de Antígona
y regá la tierra de parlantes sin refreno.
Víctor Hugo Ibáñez (1966)
viernes, 30 de abril de 2010
El artificio del poeta y el psicoanálisis
"El sentido entonces es apariencia,
buscar el sentido
con el único remedio de una promesa,
una promesa de sentido.
Y no es que no lo encuentre,
busca y encuentra,
encuentra el misterio del ser que habla,
renovándose
a cada instante
con promesas incumplidas"
El saber-hacer del poeta y su articulación con el psicoanálisis es el punto de partida que tomaremos este año. En el seminario XX, Lacan interroga la sexualidad femenina. El goce femenino como aquello que escapa del discurso, guarda una relación con lo inconsciente. ¿Cuál es esa relación? ¿Por qué Lacan situará al goce fálico como aquel "que es necesario que no"? ¿Cuál es la diferencia entre plusvalía y plus-de-gozar?
La existencia del inconsciente es un efecto de que no hay relación sexual. ¿Cuál es el alcance de esta definición? La no correspondencia entre los sexos, por efecto del significante, rompe con toda posibilidad de complementariedad y es esto justamente lo que abre la posibilidad del encuentro amoroso. "Dar lo que no se tiene a alguien que no lo es": esta definición que hace Lacan del amor representa un límite a la complementariedad. El obstáculo que representa la suplencia a la formación del "uno" de la fusión es lo que hace posible un plus de goce.
La poesía sería el lugar reservado a lo imposible. La poesía es un decir de lo imposible de ser dicho. El poeta mediante su acto da cuenta de que fue causado. Se vale de su falta.
Se presentan una serie de conceptos que en su articulación nos permitirán acercarnos a cuál es el aporte que puede hacer el psicoanálisis a los problemas que aún nos plantea la modernidad.
El capitalismo globalizado sumado al predominio de la tecnociencia introduce la cuestión de los sistemas totalizadores, que tienden a forcluir al sujeto.
En todo lazo social se pone en evidencia necesariamente lo imposible como dimensión propia del sujeto deseante. El deseo inconsciente implica un sujeto, en el chiste, en el lapsus, en el olvido, en el sueño, en el síntoma. La interpretación psicoanalítica opera por el equívoco, algo que en el significante resuena en un decir a medias. El psicoanálisis invoca ese decir a medias, lo causa.
Freud sostiene que el artificio del poeta se destaca por lograr que algo que podría resultar displacentero resulte placentero. Ubica en ese hacer enigmático una formalización del goce que desemboca en la modificación de la pulsión.
Los hechos para el psicoanálisis son en tanto dichos. El juego de los niños y el poetizar nos recuerdan el carácter de ficción de los hechos.
Eleonora D'Alvia
Juan Eugenio Rodríguez
Abril 2010
http://www.fuegos-delsur.com.ar/
buscar el sentido
con el único remedio de una promesa,
una promesa de sentido.
Y no es que no lo encuentre,
busca y encuentra,
encuentra el misterio del ser que habla,
renovándose
a cada instante
con promesas incumplidas"
El saber-hacer del poeta y su articulación con el psicoanálisis es el punto de partida que tomaremos este año. En el seminario XX, Lacan interroga la sexualidad femenina. El goce femenino como aquello que escapa del discurso, guarda una relación con lo inconsciente. ¿Cuál es esa relación? ¿Por qué Lacan situará al goce fálico como aquel "que es necesario que no"? ¿Cuál es la diferencia entre plusvalía y plus-de-gozar?
La existencia del inconsciente es un efecto de que no hay relación sexual. ¿Cuál es el alcance de esta definición? La no correspondencia entre los sexos, por efecto del significante, rompe con toda posibilidad de complementariedad y es esto justamente lo que abre la posibilidad del encuentro amoroso. "Dar lo que no se tiene a alguien que no lo es": esta definición que hace Lacan del amor representa un límite a la complementariedad. El obstáculo que representa la suplencia a la formación del "uno" de la fusión es lo que hace posible un plus de goce.
La poesía sería el lugar reservado a lo imposible. La poesía es un decir de lo imposible de ser dicho. El poeta mediante su acto da cuenta de que fue causado. Se vale de su falta.
Se presentan una serie de conceptos que en su articulación nos permitirán acercarnos a cuál es el aporte que puede hacer el psicoanálisis a los problemas que aún nos plantea la modernidad.
El capitalismo globalizado sumado al predominio de la tecnociencia introduce la cuestión de los sistemas totalizadores, que tienden a forcluir al sujeto.
En todo lazo social se pone en evidencia necesariamente lo imposible como dimensión propia del sujeto deseante. El deseo inconsciente implica un sujeto, en el chiste, en el lapsus, en el olvido, en el sueño, en el síntoma. La interpretación psicoanalítica opera por el equívoco, algo que en el significante resuena en un decir a medias. El psicoanálisis invoca ese decir a medias, lo causa.
Freud sostiene que el artificio del poeta se destaca por lograr que algo que podría resultar displacentero resulte placentero. Ubica en ese hacer enigmático una formalización del goce que desemboca en la modificación de la pulsión.
Los hechos para el psicoanálisis son en tanto dichos. El juego de los niños y el poetizar nos recuerdan el carácter de ficción de los hechos.
Eleonora D'Alvia
Juan Eugenio Rodríguez
Abril 2010
http://www.fuegos-delsur.com.ar/
La rosa que no nació
Tan hermosa…
Impetuosa en mi jardín,
deseada…
En capullo seco su tallo marchito.
Aromas perdidos, encantos,
pasiones,
dulzura…
Acarícialos no pude
suave terciopelo rojo.
Marchitado el amor…
tuvo miedo de nacer,
privada del mundo.
Dolor jardinero,
quite su tallo,
¡Dolor inmundo de saberla mía!
nacerán nuevas,
como ella ninguna.
Hojas y tallos en un libro de amor,
te guardaré.
En mis días tristes,
lo abriré y la miraré,
a la que no pudo ser,
y será por siempre,
solo eso…
mi rosa marchita.
Víctor Hugo Ibáñez
Impetuosa en mi jardín,
deseada…
En capullo seco su tallo marchito.
Aromas perdidos, encantos,
pasiones,
dulzura…
Acarícialos no pude
suave terciopelo rojo.
Marchitado el amor…
tuvo miedo de nacer,
privada del mundo.
Dolor jardinero,
quite su tallo,
¡Dolor inmundo de saberla mía!
nacerán nuevas,
como ella ninguna.
Hojas y tallos en un libro de amor,
te guardaré.
En mis días tristes,
lo abriré y la miraré,
a la que no pudo ser,
y será por siempre,
solo eso…
mi rosa marchita.
Víctor Hugo Ibáñez
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